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Heriberto Montano
Santa Tecla, El Salvador
La mano que llora
La muerte es una flor enorme y roja
Que se esconde amenazante
En la mirada de los amantes del mundo
Decía mi madre
Mientras tejía por las noches
La tenue memoria de mi padre fallecido
Nunca creas que la luz violeta del crepúsculo
Es tristeza de mujer sola y desnuda
Decía mi madre
Mientras fumaba un cigarro con olor a delirio
Y jugaba a las barajas con fotos de mi padre lejano
Y hundía alfileres en sus ojos serenos
Porque la vida es aprender a morir
Y morir es entender que ya nadie te espera
Y esperar es una tontería graciosa
Decía mi madre
Mientras limpiaba lágrimas de sus lentes ansiosos
Y reía como ríen las viejas
Peinando el recuerdo de mi padre dormido
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